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Albinson Linares

¿Cuál es tu lugar favorito para escribir?

Cuando puedo escribo rotando de sitio. A veces acostado, a veces en una buena mesa y cada cuatro horas me paro, leo algo y si puedo, veo algo de tele. Sólo cuando escribo crónicas reposadas puedo hacer esto y he llegado a escribir hasta 10 o 12 horas seguidas en cada tanda. Luego paso semanas corrigiendo.

 ¿A qué periodista admiras?

Difícil pregunta. Puedo contestarla de esta forma: Jon Lee Anderson es el periodista con quien más he aprendido en menos tiempo. Aparte de haber sido su alumno tuve la fortuna de verlo trabajar hace poco en Caracas. Presenciar como entrevista a personajes duros, los descoloca y luego se convierte en ese arqueólogo de los detalles mínimos que dibujan una gran crónica, fue muy aleccionador. Sin embargo quienes más han influido en mi estilo son Boris Muñoz, Alberto Salcedo Ramos, Julio Villanueva Chang y Armando Coll. A ellos les debo la pasión por la precisión, esa desazón necesaria para poder reescribir cuantas veces sea necesario y el sentido de la apuesta alta por la crónica como forma de entender al mundo.

 ¿De qué personaje de todos los que has conocido guardas mejor recuerdo?

En 2007 corrí por la lluvia de Bogotá en un taxi diminuto que me dejó tirado frente a la “Casa de poesía Silva” donde vivió y murió el autor de los célebres “nocturnos”. Asistí a una escena memorable: vimos como el poeta Gonzalo Rojas se subía rengueando, cual sabia tortuga, al estrado. Se acomodó la boina oscura, tomó un largo sorbo de whisky y acometió los primeros versos de “El fornicio”: “Te besara en la punta de las pestañas y en los pezones, te turbulentamente besara, /mi vergonzosa, en esos muslos/ de individua blanca”.

El auditorio compuesto en su gran mayoría por un nutrido público femenino de todas las edades, acompañaba cada verso con un suspiro, mientras el bardo paladeaba con voz roca, rejuvenecido y lúbrico: “te/ lamiera, /te olfateara como/ el león/ a su leona, /parara el sol, /fálicamente mía, / ¡Te amara!”.

Al final, hablamos unos minutos y jamás olvidaré que cuando le pregunté por su particular gusto por las mujeres atormentadas, me contestó sonriendo: “Ah, es que a mi me gustan así, esquizas, locas irrefrenables. Si no son esquizas pierden todo sentido porque el amor debe ser divertido, el amor es enemigo de la rutina”. Nunca lo olvido.

 ¿Entrevista o reportaje? 

Ambos. La entrevista debe ser el más arriesgado de los géneros periodísticos por su azar experiencial que resiste las metáforas más locas. He tenido entrevistas que son un acto de seducción constante y las he tenido que recuerdan al pánico frente al pelotón de fusilamiento. Una gran entrevista pasa del placer a la tensión espinosa, constantemente, cosa que el lector agradecerá al leerla.

Y el reportaje combina todas las técnicas periodísticas que conocemos con el fin de mostrarle al lector el reflejo de una problemática, describir una situación o comprobar una hipótesis. Hacer un buen reportaje requiere de maestría y dominio en la técnica, suele ser fruto de un esfuerzo colectivo entre periodistas y editores por lo que conlleva grandes dosis de humildad y, sobre todo, ubica al reportero en un lugar único: partir de la certeza de que los periodistas no sabemos nada, condición imprescindible para intentar comprenderlo todo y así ofrecérselo a nuestros lectores. Sin buenas entrevistas es imposible hacer un reportaje.

 ¿De qué te gustaría escribir si tuvieras oportunidad?

Poder, petróleo, las oscuridades de la belleza y sus concursos, diatribas políticas, utopías socialistas, países en formación, es decir, de Venezuela. Siempre Venezuela. En un gran segundo plano me interesan Cuba, Colombia, México y Argentina porque son países donde hay grandes historias de los mismos temas.

¿Sobre qué no escribirías?

Reseñas de prensa rosa, cocteles y el mal periodismo gastronómico que puede ser una plaga insufrible e indigesta.

 Si volvieras a empezar, ¿serías periodista?

 Para siempre y volvería a fundar fanzines insolentes, pasquines rebeldes en las mismas universidades de provincia y con la misma vehemencia de las bellas empresas inútiles.

 Para leer, ¿papel o digital?

Lo digital me invade y últimamente constituye el 60% de mis lecturas. Sin embargo soy un fetichista con una biblioteca delirante que crece más rápido que mi casa. Entonces podría decir que leo en cualquier formato pero aún agradezco tocar el libro, rayarlo, llenarlo de anotaciones y dormir con él.

 ¿Qué lecturas recomiendas? 

Aunque a cierta clase de periodistas contemporáneos les cueste leer extensamente la única realidad es que en este oficio sólo se aprende de los mejores. Por ello hay que leerse todo de Truman Capote, Norman Mailer, Tom Wolfe, Jimmy Breslin, Gay Talese, Hunter Thompson, Gabriel García Márquez, Oriana Fallaci, Ryszard Kapucinski, Gore Vidal, Germán Castro Caicedo, Germán Carías, Ben Amí Fihman, Jon Lee Anderson, Malcolm Gladwell, Alberto Salcedo Ramos, Julio Villanueva Chang, Boris Muñoz, Jordi Carrión, Armando Coll, José Roberto Duque, Sergio Dahbar, Daniel Santoro, y tantos otros maestros que se escapan a mi escasa memoria.

 ¿Tienes alguna rutina para cuando te bloqueas?

En periodismo no se trata de que las musas bajen a tocarte en el hombro. No hay mayores excusas porque si estudias la técnica siempre podrás terminar una buena nota. Pero cuando se trata de una crónica y el resultado no es el esperado en la primera lectura vuelvo a estudiar la estructura que planteé y la cambio, esto no tiene un final definido. He cambiado textos hasta horas antes de que se impriman y al verlos siempre se me ocurren nuevas soluciones técnicas. Siempre. Vivir la perenne insatisfacción de que pudo quedar mejor es parte del encanto de todo esto.

 ¿Qué música le pondrías a tus historias?

Me gustaría que se iniciaran como las fugas de Bach y terminaran en staccato dejando colgados a los lectores, sin aire. Pero la verdad es que suenan más a rock. Así que algo de “Exile On Main Street”, con pizcas de “Pet Sounds”, macerarlo todo con “Highway 61 Revisited” y rezar un poco para que tenga la dicción viciosa de todo “Sentimiento Muerto”, esa sería mi más cara ambición.

 ¿Qué le dirías a un joven que quiera ser periodista?

Léelo todo, pregúntalo todo, dúdalo todo y sólo cuando llegues a cierta certeza técnica e instintiva comienza a escribir. Si llega el día en que te abandona la curiosidad, retírate. Siempre será mejor recordar los buenos tiempos a vivir el infierno de los cierres sin pasión alguna.

Sobre Albinson Linares

Albinson Linares es un periodista venezolano nacido en San Cristóbal, ciudad fronteriza con Colombia, en 1981. Trabajó en la sección cultural del periódico El Nacional. Fue director editorial de la revista Playboy en Venezuela, también ha hecho periodismo de investigación en las revistas Exceso y Zero, además de colaborar con el diario mexicano Reforma, El Heraldo de Barranquilla, la revista chilena Qué Pasa?, Letras Libres y ECOS de Alemania. Fue escogido como uno de los “Nuevos Cronistas de Indias” por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano en 2012. En la actualidad se desempeña como periodista de investigación en la Cadena Capriles y es uno de los fundadores del portal web Prodavinci, dedicado al debate de ideas.

En eCícero publicó en marzo de 2013 el ebook gratuito ‘Hugo Chávez, nuestro enfermo en La Habana’.

Sobre la sección

Detrás de una pieza periodística siempre está el toque del escritor, aquel que ha dado un enfoque determinado, que ha preguntado a las fuentes, que ha confirmado los hechos, que se ha documentado y que describe los acontecimientos.